Me gusta el otoño. Mucho.
En otoño me invade cierta melancolía, pero de esa gustosita.
Como las meriendas que nos preparaba mi madre a mi hermano y a mí.
Salíamos del cole, íbamos andando a casa, con la llave colgando del cuello, y allí nos esperaba una taza de chocolate caliente y pan untado con mantequilla.
Recuerdo la sensación de estar en casa, de pertenecer a un lugar, a un hogar.
Tengo esa misma sensación cuando llega el otoño. Es como si todo volviera a su sitio.
El verano nos descoloca, alborota, es movimiento, diversión y el otoño poco a poco languidece hacia el invierno.
Tiene mucho de transición, entre el calor y el frío, el sol y la lluvia, los días largos y los cortos, la bermuda y el chándal, la colcha y el nórdico, el gazpacho y el chocolate caliente …
Solo hay que dejarse llevar, disfrutar el tránsito, pisando hojas secas, cogiendo castañas, abrigándonos por la mañana, celebrando el sol del mediodía ¿y por qué no? Comiendo pan con mantequilla.
¡Feliz otoño!
P.D. No creo que sea casualidad que Osingain arranque su nueva andadura en otoño. La estación de los comienzos estaba predestinada a ser la que viera el renacer de esta gran casa. Ojalá la disfrutéis tanto como nosotras preparándola.